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¿Qué sueños tenía Pascasio? ¿Qué vida soñaba para sus hijos? ¿Qué amor se tenían con su esposa?

Por: Luis Prieto

"...No tengo queja para nadie. Solo sé que la vida es brava...", así lo expresaba Dagoberto Báez, padre de Pascasio. Hay un silencio en este país que duele hasta el día de hoy.

¿Qué razones me llevan a escribir esto? una muy simple; hoy es 30 de abril y en Uruguay se designó dicha fecha para la reflexión y conmemoración de los trabajadores rurales, que son gran parte del motor productivo de nuestro país, que muchas veces no salen en la foto ni en la tapa de los diarios en sus distintos formatos.

Pero yo voy a otra cosa, al carácter histórico que toma el olvido, el silencio y que en algunos el remordimiento intelectual puede estar jugando su partido más importante. Pascasio Báez, era un peón rural, como otros tantos más que trabajaban la tierra de nuestro país. Tenía 46 años, era casado y era padre, y siempre había residido en el campo - por su labor y convicción -, preferentemente por la zona de Pan de Azúcar, en el Departamento de Maldonado.

Su labor principal siempre fue revolverse, como se lo conoce popularmente. Era capaz de dedicarse a las tareas de construcción, la confección del alambre o "lo que saliera" con tal de llegar al peso de todos los días. Algo que, hasta el día de hoy, entre las labores del campo, se sigue adecuando nuestra realidad.

Como hombre de campo, sabia recorrer el mismo a caballo en las horas tempranas del día. En un diciembre del año 1971, supo recorrer el campo para la búsqueda de un equino que se había perdido, que además era propietario del mismo un vecino, no volvió más.

En el Uruguay de aquel entonces, el año que esta mencionado fue particular, desde elecciones del fraude, nuevos partidos políticos que nacieron y la existencia de una democracia con parlamento, como también, con la existencia y vigencia plena del movimiento guerrillero más y mejor preparado del continente americano, el Movimiento de Liberación Nacional - Tupamaros.

En Pan de Azúcar, sobre la Ruta número 9, se encuentra una cabaña denominada como "Espartaco" y fue allí, donde en su cruce hubo un hombre que se retiraba de una "tatucera", siendo la misma, punto de estrategia para el avance del grupo guerrillero. Denominada, la misma, con el nombre de "Caraguata", lugar donde Mujica siendo Presidente de la República Oriental del Uruguay supo asistir para recordar dicho 30 de abril en el hombre rural, pero le falto recordar a alguien más.

Báez fue detenido y el poder de información que había adquirido frente a dicho descubrimiento, que, además, se da en una suerte inesperada, que tampoco presenta mucha insistencia en el saber de lo que allí se estaba gestando. El mismo fue detenido y la decisión final tuvo varias opciones, siendo entre ellas, detenerlo indefinidamente, llevarlo al exterior, o ejecutarlo. La última fue la opción que finalmente se tomara.

El ejecutor, fue Ismael Bassini, era un avanzado estudiante de medicina en aquel entonces, que, además, con toda la responsabilidad que logro recaer sobre su tarea, con una inyección de pentotal, logro años más tardes obtener el título de Doctor en Medicina, otorgado por la Universidad de la República del Uruguay. Créanme que es un hecho que moralmente repudio.

Desde aquel entonces, hasta el día de hoy, el silencio para con Báez es mayor. No le vamos a devolver la vida, pero me han quedado flotando un montón de pregunta con respecto a que pudo ser de la vida de Báez si él no iba en busca de ese caballo, si él no se encontraba con esa Caraguata, si él no era cobardemente ejecutado por los dueños de la inmoralidad.

¿Qué sueños tenía Pascasio? ¿Qué vida soñaba para sus hijos? ¿Qué amor se tenían con su esposa? ¿Le gustaba el futbol? ¿Soñaba con un mejor país?

Hay muchas preguntas y el silencio de las respuestas será eterno. Lo quería recordar hoy, justo hoy, donde se llama a reflexión y recuerdo a todos los trabajadores rurales del Uruguay, como lo fue Báez.