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La vacunación como solución

Por: Elena Grauert

Cuando hay una explosión comunitaria del virus, las medidas restrictivas no han arrojado mejores resultados que aquellas que apelan a la responsabilidad y al cuidado personal de la ciudadanía. A esta altura, por más medidas que se apliquen, la única solución al mediano y corto plazo es la vacunación. Por fortuna, nuestro país se encuentra en una posición de privilegio respecto a ello.

Es evidente que nadie tiene la bola de cristal para proponer la solución perfecta, pero lo cierto es que si miramos el mundo, todas las medidas de cuarentena obligatoria, limitaciones a la libertad de circulación y prohibiciones de trabajar, han logrado el mismo resultado -o peor- que aquellos que optaron por la libertad responsable o permitir ciertos grados de movilidad. Hay países como Suecia donde no se tomaron medidas restrictivas y se tuvieron muy buenos resultados. Está claro que si se restringen derechos y la situación es igual o peor, el resultado es solamente de pérdidas.

Uno no puede dejar de ser sensible ante la cantidad de muertes y enfermos graves, pero permítaseme decir que, en este mundo donde a lo técnico a veces se le da facultades o capacidades que claramente no tiene, son los políticos los que deben dirigir el barco, porque son quienes manejan todas las variables para tomar decisiones donde presumiblemente el mal sea el menor.

Además, ante tantas desastrosas noticias, me permito dudar de la forma como se realiza la comparación entre los Estados. ¿Somos los que tenemos "más muertes" o "más infectados", estamos "colapsando"? Una tras otra, noticias de catástrofe, pero en realidad no sé bien qué estamos comparando. Uruguay tiene, por sus características -de ser un país chico-, una capacidad de trasparentar números con una gran cantidad de test hechos, que no sé si es comparable con otros países, tampoco me queda claro en cuanto a número de muertes, dado que muchos de los países de mundo no tienen el contralor, ni el sistema de salud hipervinculado como el nuestro, por tanto tampoco sé si los números que salen por la palestra son tan así.

Lo cierto es que Uruguay ha demostrado una reacción rápida en capacidad de vacunación. Tenemos vacunas para toda la población, y se va a un ritmo de 10.000 a 15.000 personas más del promedio con el que se previó el plan, que era de 30.000 personas por día (hoy se vacunan entre 40000 y 45000 personas a diario).

También tiene una inmensa incidencia el haber vacunado con Pfizer a todo el personal de salud, dándole una mayor calidad de su cobertura, lo cual mejora la capacidad sanitaria del personal de salud, que era uno de los problemas del colapso en recursos humanos.

A nadie le gusta ver esta cantidad de infectados o ver la cantidad de muertes. Quisiera que esto no hubiera pasado, pero evidentemente el crecimiento exponencial del virus en la región y a nivel mundial, llevaron a un descontrol que hoy hay que intentar enderezar; también está claro que la gente perdió el miedo y cambiar la conducta de un día para otro es muy difícil.

Las medidas de restricción, tan reclamadas por la izquierda, se han efectuado con el párate prácticamente de todas las oficinas públicas y de la educación, pero recién se va a ver el efecto en mayo, lo cual va a ir acompañado del efecto vacuna. No podemos condenar a todas las personas a perder sus ingresos y su trabajo. Lo único que el gobierno puede solicitar es una conducta responsable en cuanto a higiene personal, uso de tapaboca, quedarse en casa; quizás falta una campaña de mayor envergadura en lo comunicacional, pero nada de eso cambia de un día para otro.

No se pueden tomar medidas sin ver la globalidad, de hecho la no presencialidad en educación, el teletrabajo de oficinas públicas y el que no funcione la justicia, entre otros, conlleva a que mucha gente no esté en la calle, pero no se puede seguir pidiendo medidas antojadizas al grito, porque quizás el daño sea superior al efecto. No necesariamente los empleos que se pierden se vuelven a recuperar y no se van evitar los daños que ya se efectuaron, lo único cierto es que todo es un universo en el que se deben buscar los equilibrios.

La facilidad de algunos eruditos de varios niveles de la política, la ciencia y las gremiales, se erigen en el grito de la salida más fácil, que es restringir el derecho del otro. Realmente me causa entre escalofrío y gracia, porque existe una incapacidad total de poder vislumbrar que el problema no solo es de salud contra el COVID 19, también existen los demás derechos y problemas, como por ejemplo, poder llevar una vida digna sin caer en la pobreza extrema o en la inactividad. Basta ver los restaurantes o bares en la noche, prácticamente vacíos. Es más, no me queda claro que el parar no conlleva a una movilidad mucho menos protocolizada que el estar en relación laboral o el cierre de lugares implica la apertura de reuniones clandestinas sin ningún control. Sí creo que se debe cumplir la ley y que debe haber vigilancia y sanción en el incumplimiento de la normativa, quizás eso sea en lo que hay que insistir como forma de educar y proteger la salud pública, el hacer cumplir la ley a cabalidad.

El temple con el que se está gobernando, creo que es el criterio exacto. Los dudosos números de toda esta pandemia informan que, por ejemplo, "América y Europa suman más del 80 % de las muertes que se han producido en el mundo, mientras que Asia, el continente donde surgió la pandemia, reporta en torno a un 14 % de fallecidos". ¿Cómo es posible ello, si donde hay más habitantes es en Asia (China, India)? (Esto surge de un informe datos del Centro de Ciencias e Ingeniería de la Universidad Johns Hopkins de Estados Unidos, ministerios de Sanidad oficiales y la Organización Mundial de la Salud).

Todo el relativismo con que se deben mirar los números, en tiempos de pandemia quedan más que demostrados si miramos el coronavirus en España, por ejemplo, que desde febrero y a mediados de marzo del 2020 se impuso "el estado de alarma" para "tratar de frenar los contagios y aliviar la saturación en los hospitales"; no obstante, "no evitó que los servicios sanitarios se vieron superados en muchos lugares antes de lograr aplanar la curva".

El ejemplo se repite para la Argentina y otros países; por tanto, cuando se pregunta por qué no se toman más medidas, es porque se toman todas las medidas posibles y porque el mundo ha demostrado que el confinamiento, cuando hay una explosión comunitaria del virus, no causa mejor efecto que el tratar de mantener una libertad responsable y hacer cumplir las restricciones impuestas, sacrificando derechos como el de los niños y jóvenes en cuanto a no poder ir a los centros de estudio.

Lo único novedoso y a lo que podemos apostar sin miedo a equivocarnos es la vacunación, su aceleración y efectividad es nuestra única salvaguardia y por suerte, en los índices, Uruguay está entre los países más avanzados, por lo que el tiempo y nuestra efectividad en universalizar la vacuna va a ser la única carta de "triunfo" (ya que ha sido demasiado la desgracia) para abatir el efecto de la pandemia, manteniendo la red social y valores lo más intacto posible.