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Un recorrido por los mejores destinos uruguayos para conectar con la naturaleza

Marzo 21, 2021

Lavalleja, Maldonado y Rocha conforman un circuito para pasear, conocer y estar en contacto directo con la naturaleza, observar la flora y la fauna, y practicar avistamiento de aves.

El turismo dedicado a la naturaleza es tendencia mundial por su impacto positivo en lo ambiental, social y económico de los países que lo desarrollan. Además, se puede realizar a lo largo de todo el año. Dentro del ecoturismo, el avistamiento de aves es una de las actividades principales y de mayor crecimiento, pues mueve unas seis millones de personas al año en el mundo. Quienes lo practican estudian los mejores destinos y viajan con el propósito de observar de manera óptima a las distintas especies. En muchas comunidades crea puestos de trabajo e ingresos que, además, se convierten en un gran incentivo para la conservación de los lugares naturales.

Uruguay es un lugar privilegiado para el avistamiento de aves. En el país se pueden encontrar alrededor de 500 especies, que pueden verse en un territorio que es posible recorrer en pocos días. Además, existen espacios muy abiertos y con cielo despejado, lo que facilita la visualización.

Con el objetivo de promocionar este tipo de turismo, Rosanna Freda y Carina Fossati, responsables del blog de viajes BlogTripUy, organizaron un recorrido de cuatro días visitando destinos de Maldonado, Lavalleja y Rocha, acompañadas del biólogo especializado en la conservación de la biodiversidad Adrián Azpiroz.

Entre las sierras. El recorrido comenzó en Lavalleja, uno de los departamentos ideales para avistar aves, donde se encuentran alrededor de 250 especies. En la zona es típico ver cuervos, cardenal amarillo (muy amenazada por la captura ilegal), águila mora, chimango, lechuza de campo, espinero, pajonalera pico recto, macuquiño, trepador chico, ligerito, viuditas blancas y coloradas, tijeretas, naranjero, cardenales azules y de copete rojo. Una de las más buscadas porque no suele verse en otros lados, es la seriema, que se parece a un ñandú con un copete en la cabeza.

El paseo por este departamento inició en el cerro Arequita en cuya cima se ubica el segundo monte de ombúes más grande del país, que reúne 700 ejemplares. En esta zona además de aves se encuentra vegetación como coronilla, sombra de toro, canelón, aruera, tembetarí, guayabo, carobá, líquenes, musgos y claveles del aire. Y también animales, como mulita, tatú, zorro, guazubirá y gato montés.

Allí se encuentra el Complejo Arequita, que dispone de un parador con parrillada. Se puede alquilar implementos para practicar deportes de altura como escalada y rappel, u optar por caminatas guiadas con visita a una gruta natural subterránea.

Otra opción para el almuerzo es Estación Penitente, un restaurante muy pintoresco porque fue construido con vagones de trenes de los años 50, y las mesas fueron construidas con puertas antiguas adquiridas en remates. La vista de este lugar (que abre fines de semana y feriados, y ofrece un menú de 950 pesos que incluye entrada, plato, postre y bebida) es hermosa por encontrarse en la ruta panorámica al Salto del Penitente. Dentro del predio también hay un ecolodge de cinco habitaciones llamado Posada Tay.

La visita al Parque Salto del Penitente es otra de las actividades altamente recomendables. Tiene un mirador con parador y restaurante desde donde se aprecia el salto de agua de 60 metros de altura. Este es otro de los espacios ideales para el avistamiento de aves, pero también se puede practicar tirolesa, escalada, rappel, caminatas para observar flores y plantas autóctonas, entre otras.

Para pasar la noche, a pocos kilómetros, se ubica el Valle del Hilo de la Vida. Sus propietarios, además de ofrecer caminatas guiadas, cuentan con un ecolodge de seis habitaciones e invitan con menús caseros elaborados con productos de la zona. El atractivo principal del lugar es que allí se encontraron más de cincuenta estructuras de piedras cónicas de origen indígena y se piensa que fue utilizado como templo.

En el mar. El primer destino en Maldonado puede ser la Isla de Lobos, considerada una de las reservas de lobos marinos más importantes del hemisferio sur. En ella predominan dos especies: el lobo fino o de dos pelos y el león marino. El lugar también es propicio para el avistamiento de aves. Las más comunes son las gaviotas cocineras, macas grandes, biguás, ostreros comunes, y en invierno, también se puede ver albatros y petreles. El traslado hasta la isla se hace en la embarcación Calypso, que también ofrece paseos a la isla Gorriti y otros tours privados.

José Ignacio siempre es un lugar soñado para visitar. Las responsables del blog sugieren comer en el restaurante Popei y pasar la noche en la posada Marea (ubicada en Los Cisnes y Eugenio Saiz Martínez) o Posada del Faro (a 50 metros de la playa Mansa).

En las lagunas. Rocha es uno de los mejores lugares para hacer ecoturismo por sus lagunas. Se recomienda amanecer bien temprano en la mañana para navegar junto con un pescador local sobre la laguna Garzón, donde se puede avistar cisnes de cuello negro, cigüeñas, garzas blancas chicas y garzas moras, rayadores, coscorobas, espátulas rosadas y biguás. Pero los flamencos son el atractivo principal; sin embargo, no siempre se corre con la suerte de cruzarse con alguno.

Después de un desayuno reponedor en el parador La Balsa, se puede visitar la Laguna de Rocha. En la zona, el emprendimiento Sendero Tours ofrece paseos por la laguna -también a Cabo Polonio y otros parques cercanos- que pueden hacerse a pie. Es que cuando la altura de la arena lo permite es posible atravesar el lugar caminando.

Las aves presentes allí son el cisne de cuello negro, los gaviotines de pico amarillo y real, el rayador, el cuervillo de cañada, las gaviotas capuchón café y cocinera, la garza mora, el playerito rabadilla blanca y el coscoroba.

En el balneario La Paloma, el almuerzo del día fue en el restaurante y establecimiento Las Eduardas. En cuanto a lo gastronómico, el lugar ofrece desayuno, almuerzo, merienda y cena elaborados con productos de la zona y con respecto, al hospedaje, disponen de 18 habitaciones en modalidad apart hotel.

La tarde invitó a un paseo por cerro Verde e Islas de la Coronilla, área perteneciente al Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SNAP), administrada por el Ministerio de Defensa. El ingreso al lugar puede hacerse únicamente caminando desde balnearios cercanos o con un tour que haya solicitado un permiso. Desde el mirador ubicado en la cima del cerro, y si se tiene suerte, es posible ver delfines que en algunas oportunidades se avistan desde ese punto.

En la zona es frecuente ver fauna de todo tipo, tanto locales, como migratorias. Algunas son la tortuga verde (en peligro de extinción), tortuga siete quillas, tonina y ballena franca austral. También lobos y elefantes marinos.

En cuanto a aves, se observa chorlos, playeros, gaviotines de pico amarillo, real y sudamericano. También se identifican algunas aves en peligro de extinción como la viudita blanca grande, el dragón y varias especies de capuchinos.

Luego de pasar la última noche en el Hotel Parque Oceánico de la Coronilla, el paseo continuó por la Laguna Negra y el Potrerillo de Santa Teresa. En esa zona se aprecian bañados, montes indígenas, praderas y costas arenosas. También ceibos y unas 380 especies diferentes de flora, 27 de mamíferos y 30 entre anfibios y reptiles. También hay registro de 150 especies de aves como el ñandú, la lechucita de campo, el cardenal de copete rojo, el gaviotín de pico grueso y el atí, entre otros.

El recorrido de cuatro días tuvo como último destino el establecimiento Barra Grande en Laguna de Castillos y el Monte de Ombúes, el más grande del país con tres mil ejemplares de estos árboles. Allí se puede disfrutar de un cordero asado al horno de barro para luego recorrer el área de reserva de monte nativo hasta llegar a un mirador, desde donde se observa el paisaje y se avista las aves que lo habitan.

Galería (Montevideo Portal).