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Contaminación del agua: una epidemia silenciosa

Por: Eduardo Gudynas

El nuevo reporte del estado del ambiente de Uruguay deja en evidencia que todas las cuencas están ecológicamente comprometidas. La situación más grave la enfrenta la cuenca del Río Santa Lucía.

El recientemente creado Ministerio del Ambiente acaba de presentar el "Informe del Estado del Ambiente 2020" en el Uruguay. El documento es una versión preliminar, con un formato de reporte técnico que cubre el período de 2016 a 2019.

Este informe debe ser bienvenido. El Poder Ejecutivo estaba obligado a presentarlo regularmente, pero el anterior gobierno incumplió ese mandato. Esto hace que sea un paso adelante contar con esta información, aún en esta versión preliminar. También se debe reconocer al equipo de personas que lo preparó por lo datos que sistematizan, y además por incluir algunas novedades.

El informe sobre el estado del ambiente en nuestro país cubre varios temas: la situación en las aguas superficiales y subterráneas, la calidad del aire, la biodiversidad y los ecosistemas, un abordaje específico sobre la costa y las lagunas costeras, el suelo y el cambio climático.

Entre esos temas, la situación que se describe para la contaminación del agua es alarmante. Considerando los niveles de fósforo y nitrógeno total, los que están detrás de la pérdida de calidad de las aguas y la irrupción de las cianobacterias, se observa que todas las cuencas del país, sin excepción, están comprometidas. En el caso del fósforo total, el 81% de los registros corresponden a condiciones no aceptables, y para el nitrógeno llega casi a la mitad (44 %).

Los datos corresponden a registros tomados entre 2016 y 2019 en 125 sitios de evaluación en cursos de agua, como arroyos y ríos, pero también en embalses y lagunas. La calidad del agua fue analizada a partir de indicadores como el fósforo y el nitrógeno, pero también para los niveles de clorofila, los conteos de las bacterias conocidas como coliformes, o el oxígeno que está disuelto en el agua. Los resultados permiten distinguir entre una calidad del agua buena, aceptable y no aceptable, una clasificación que a su vez está basada en la normativa uruguaya.

Es así que, como se adelantó arriba, se encontraron niveles "no aceptables" en todos los cuerpos de agua del país, tanto ríos y arroyos, como en lagunas.

En el caso del fósforo estalla una geografía de la contaminación que afecta todo el país. Todas las cuencas están comprometidas, desde el norte como ocurre en el Río Cuareim en la frontera con Brasil, a las que se ubican en el sur, por ejemplo en el Santa Lucía. Pero también está muy comprometida la cuenca del Río Negro, incluyendo a las subcuencas del Río Tacuarembó al norte y a la del Río Yí al sur. Las lagunas costeras en el litoral atlántico también están contaminadas. Y lo mismo ocurre con la Laguna Merín y sus ríos tributarios.

En cuanto al nitrógeno total, el 44% de los registros fue no aceptable. Los registros peores se encuentran en distintos sitios de los ríos Tacuarembó, Yí y Negro, en las cuencas de los ríos San Salvador y Santa Lucía, mientras que es aceptable por ejemplo en las lagunas litorales del este y en el Río Cuareim.

Estos hallazgos además hacen caer la excusa que se repetía en el anterior gobierno, sosteniendo que la contaminación en el Río Negro era responsabilidad de Brasil, por aportes como los de la ciudad de Bagé. Basta ver los registros en los ríos Yi y Tacuarembó, donde están todos en rojo por la contaminación, y están desconectados de Brasil. Tal como indica el reporte del Ministerio del Ambiente, esto seguramente se debe a fuentes locales de contaminación, y entre ellas, agrego aquí, la información disponible apunta a las llamadas fuentes difusas, tales como ciertos tipos de agricultura.

En los otros indicadores de la calidad del agua, la situación da un respiro. Los niveles de clorofila son buenos en el 91% de los registros, la presencia de coliformes en el 90% y el oxígeno disuelto es bueno en el52%. Son calificados como buenos o muy buenos a partir de los estándares reconocidos en Uruguay.

En el reporte ambiental se presenta un índice de Estado Trófico, que a su vez se basa en varios indicadores, que de alguna manera resume los hallazgos comentados arriba. Según este índice, por ejemplo, buena parte de la cuenca del Río Negro aparece con condiciones aceptables; pero es amarillo en el Río San Salvador, y amarillo o rojo en la cuenca del río Santa Lucía.

Esto confirma la gravedad de la situación en el Río Santa Lucía y sus tributarios. Pero además, ese indicador arroja un resultado que da escalofríos: a lo largo de las sucesivas mediciones realizadas entre 2016 y 2019, los embalses en ese río siempre estuvieron bajo condiciones de contaminación, sin excepciones. Que eso ocurra, por ejemplo, en 2019, deja en evidencia la inefectividad de las medidas que supuestamente se tomaron en los años anteriores.

Estos resultados se complementan con otros que se encuentran en los demás capítulos del informe ambiental. A su vez, habrá que esperar a la versión definitiva, pero este reporte ya brinda una servicio invaluable para dejar en claro varios problemas de la mayor gravedad. En ese sentido, aunque comprensiblemente todos estemos enfocados en la actual pandemia por coronavirus, debemos tener muy presente que por detrás de ella está en marcha otra epidemia: la contaminación de nuestras aguas.