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Carta a un amigo que no piensa vacunarse

Por: Rodolfo M. Irigoyen

Estimado José: dudé bastante antes de contestar tu mensaje a los columnistas de uypress, donde explicás tus motivos para no vacunarte contra el Covid 19. Las dudas provenían de un absurdo prejuicio que me cuesta superar: el de sentir que si emito una opinión radicalmente opuesta a otra que recibo, estoy de alguna forma agrediendo al emisor de dicha opinión. Sé que es falso -si se responde con respeto y fundamento- pero lo tengo que rumiar un par de días para convencerme. Ahora me siento preparado para hacerlo, tratando de cumplir con las condiciones enunciadas.

Solo me voy a centrar en un par de aspectos, de los varios que mencionás, porque me parecen los medulares, tanto en tu carta como en otras opiniones coincidentes con la tuya. El primero es el de las legítimas dudas que genera el hecho de que después de que los máximas autoridades científicas insistieran al inicio de la pandemia con el anuncio de que el proceso de producción de las vacunas insumía cinco años, solo un año después ya existían vacunas aprobadas por la OMS y empezaban las vacunaciones en todo el mundo.

No soy un especialista en vacunas, por supuesto, pero -gajes de mi semi-oficio de economista- trato de informarme sobre las implicancias económicas inherentes a los procesos productivos. Y con asombro me enteré del mecanismo empleado por los laboratorios para, a marchas forzadas ante la angustiosa urgencia que la pandemia imponía, reducir en todo lo posible el tiempo necesario para disponer de vacunas eficaces.

Todos oímos que la principal demora provenía de los largos períodos de prueba habituales en estas producciones, donde cada etapa del proceso exige evaluaciones de muchos meses, antes de pasar a la fase siguiente. Y acá viene lo asombroso: cuando se iniciaba un período de prueba, simultáneamente, se seguía adelante como si el resultado de la prueba hubiera sido satisfactorio. Y el asombro proviene del gigantesco riesgo económico asumido, porque si al final de la prueba -digamos 6 meses- el resultado era negativo, todo lo que se había adelantado en el interín no servía para nada, era plata quemada y tiempo perdido.

Cuanta confianza en el conocimiento acumulado y en los procesos seguidos, cuanta consciencia respecto al costo en vidas de cada minuto perdido, cuanta audacia para recurrir una y otra vez a esas apuestas económicamente suicidas en una visión convencional de la economía, cuantas expectativas de retorno económico -no estamos hablando de filántropos- ante la demanda sin techo de un producto final exitoso.
Los expertos aseguran que estamos en un parteaguas histórico del proceso de desarrollo científico, nunca se habían logrado resultados tan espectaculares, con métodos tan innovadores, en tan poco tiempo y con impactos tan importantes sobre el conjunto de la humanidad. Pero el "filósofo analfabeto" (Voltaire dixit) de que dispone el país opina lo contrario. Aseguró, ante la competencia entre países por el acceso a las vacunas, de que "estamos ante una página vergonzosa de la historia de la humanidad". Lo segundo a comentar es lo del famoso papel que hay que firmar. Según informan, al firmarlo se renuncia a la posibilidad de demandar a la empresa productora de la vacuna, en otros tribunales que no sean los del país considerado, o sea los uruguayos.

Días atrás, conversando sobre este tema, una persona muy allegada a mi familia -jubilada de Profesora de Secundaria, viuda de marido comunista (pareciera que la ausencia potenciara la fidelidad ideológica)- afirmaba que ella no se iba a vacunar porque no aceptaba que una empresa transnacional le impusiera condiciones.

Le respondí que la entendía, que hacía bien en no permitir que se cercenara su legítimo derecho a presentarse con sus abogados en tribunales de La Haya o Ginebra, a querellar con Pfizer, los chinos o los rusos, si a su juicio las consecuencias de su vacunación lo ameritaban. No te transcribo la respuesta, pero la podés imaginar.

Cuando se fusionan dos empresas transnacionales, o una compra parte o el total de la otra, los simples mortales nos enteramos por la prensa el día que firman el acuerdo final, aunque las negociaciones insumieran años. Es que la competencia es feroz, los intereses billonarios, y cualquier filtración puede perjudicar el acuerdo, favoreciendo a otros competidores. Si toman esas precauciones entre jugadores que se rigen por las mismas reglas ¿cómo puede sorprender que pongan cláusulas de confidencialidad (lo tomas o lo dejas) cuando tratan con un gobierno? Porque este lo hace en nombre de millones de personas, cada una de las cuales entroniza sus derechos (¡personales!) sobre temas que le son absolutamente desconocidos, con el agravante de que están convencidas de lo contrario. "Arréglense entre ustedes (quiere decir el papel) no pretendan jugar en las ligas mayores en las que nos movemos nosotros". Yo en su lugar haría lo mismo. ¿Vos no?

Desde que en la década del 50 el Dr. Salk nos dio la posibilidad de librarnos de la polio (dicho sea de paso, con un respaldo científico que me atrevo a catalogar de infinitamente menor al de las actuales vacunas para el covid), perdí la cuenta de las vacunas que he recibido, incluyendo la de la fiebre amarilla, suministrada por una sargento gigantesca en un oscuro recinto portuario del Ejército, para poder viajar a Guinea Ecuatorial. Nunca me informaron sobre ningún aspecto científico o empresarial atinente a la vacuna, ni requirieron mi opinión sobre su grado de eficacia o país de origen. A pesar de estas carencias o atropellos a mi libertad, tuve la suerte de no sufrir ninguna de las numerosas enfermedades que las vacunas prevenían.

Creo que hay que delegar en los que saben. El ejercicio de mi libertad radica en la elección respecto al destinatario de mi confianza. Y uno de los mayores aciertos del gobierno, fue el de la designación del Grupo Asesor Científico Honorario. Su idoneidad y responsabilidad cubre cualquier inquietud que se me pueda presentar, y ellos han avalado a plenitud las decisiones tomadas por el Gobierno. (Y acá entre nosotros, José, saber que con su coordinador general, el Dr. Rafael Radi, me hermanan las mismas angustias y alegrías vividas durante años en las tribunas de Belvedere acompañando al glorioso negriazul, no deja de aumentar mi confianza).

Pero la responsabilidad última, como los mismos integrantes del GACH aclaran, reafirmando la responsabilidad asumida por el propio Presidente Lacalle Pou, es política. Y también en este plano me considero bien representado por el Presidente y su Gabinete. Y estoy convencido de que cuando se pase raya y se evalúen los resultados finales, nuestro país nuevamente estará en el podio continental de los que mejor han manejado la pandemia, en interacción con la economía. No solo por lo hecho hasta ahora, sino también porque confío en que el proceso de vacunación va a ser ejemplar, en tiempo, alcance y calidad de los servicios.

Bueno José, me quedó más larga de lo deseado, así que la dejo por acá. Te mando un abrazo virtual, inocuo, sin riesgo de contagio. Bueno, con esto de los hackers nunca se sabe...