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El gobierno y Un Solo Uruguay. Aprender de los errores ajenos es más sabio que aprender de los propios

Por: Hébert Dell’Onte Larrosa

Ya pasaron algunos días del acto del 23 de enero de Un Solo Uruguay y mucho se ha escrito e informado en varios medios de comunicación.

En su totalidad el acto fue llevado a cabo a través de internet y transmitido de forma directa por varios medios de comunicación, redes sociales de diferentes instituciones y por supuesto a través de los canales propios de Un Solo Uruguay. La tecnología jugó un papel fundamental, como nunca en otros actos símiles del movimiento. En ese sentido la evaluación es altamente positiva.
Lo negativo es que la pandemia no permitió la realización de un acto multitudinario como se venían haciendo cada enero desde 2018 y eso, para un movimiento que tiene su fuerza mayor en la capacidad de convocatoria y movilización no es una buena noticia.
Pero la pandemia no es el único problema en ese sentido. El triunfo del Partido Nacional y la conformación de un gobierno de coalición con alta representatividad de varios partidos políticos es un freno a la movilización (asunto del que me ocuparé más adelante), aunque Un Solo Uruguay no tiene nada que ver con ningún partido político. Lo ha dicho hasta el cansancio y lo ha demostrado con hechos.
Recordemos que el surgimiento del movimiento es en reacción a las políticas de los gobiernos del Frente Amplio más la soberbia que el Dr. Tabaré Vázquez mostró repetidas veces en su segundo mandato, y en ninguneo permanente hacia quienes tenían objeciones o una visión distinta. Todos conocemos esa parte de la historia.
Quienes seguimos la actividad de Un Solo Uruguay y hemos entendido su esencia sabemos que el problema no era Tabaré Vázquez, sino lo poco que hizo, lo poco que escuchó, lo poco que atendió a los sectores productivos. Si desde el gobierno de entonces alguien hubiera prestado la suficiente atención para decirle al Dr. Vázquez que en el país, pero fundamentalmente en el interior y particularmente en el campo, había mucha desconformidad y desilusión, quizá entonces el gobierno hubiera prestado atención e implementado medidas más o menos acordes a la situación, y el acto de 2018 nunca hubiera acontecido.
Hay que dejar en claro que si la misma circunstancia se hubiera dado con un gobierno de otro color político, hubiera sido igual. El descontento no tiene bandera partidaria, nos lo enseñó Artigas en 1811 cuando emprendió lo que finalmente fue el Éxodo del Pueblo Oriental.

La estafa de la marcha del 2002
El antecedente más cercano de una gran movilización del campo fue en abril de 2002, cuando la Federación Rural presidida por Gonzalo Gaggero, y secundada por Luis Alfredo Fratti, realizó una marcha en Montevideo contra el gobierno del Dr. Jorge Batlle.
Pero lo de 2002 no fue lo mismo, ni parecido a lo de 2018, por varias razones. No solo no fue espontáneo, sino que constituyó una estafa al sano sentir de la gente y sus necesidades.
Años después de realizada la marcha el presidente del PIT-CNT, Juan Castillo, reconoció que para lograr un acercamiento al campo se tuvieron que realizar varias reuniones secretas con Gaggero y otros representantes de los sectores productivos. El resultado fue que miles de productores y trabajadores rurales arribaron a la capital, desfilaron a caballo e incluso con tractores, y se expresaron frente al Palacio Legislativo, la Intendencia y el Obelisco.
El tiempo desnudaría la realidad: Juan Castillo, referente del PIT-CNT y afilado al Partido Comunista, años más tarde fue secretario general de ese partido y senador de la República por el mismo.
En el primer gobierno del Frente Amplio (2005-2010), Gonzalo Gaggero fue nombrado presidente del Instituto Nacional de Colonización y Luis Alfredo Fratti presidente del Instituto Nacional de Carnes. En ese momento, por si quedaba alguna duda, todos entendimos, lo que había sucedido. Demasiado para ser casual.
En las elecciones de 2004 Gaggero había sido candidato al senado por la lista 738 liderada por quien fue vicepresidente, Rodolfo Nin Novoa, y Fratti candidato a diputado por lista 609 del Movimiento de Participación Popular liderada por José Mujica.
La sensación final fue que hubo una importante operación política y que el objetivo no fue defender legítimamente al medio rural de una crisis enorme, que no era solo suya sino que todos los uruguayos la sufríamos en carne propia.
Dicho de otra forma, fue una estafa, el campo fue usado y hubo quienes sacaron provecho de las peripecias que los productores enfrentaban. O en el mejor de los casos hubo quienes aprovecharon el descontento social para acomodarse políticamente.

Un Solo Uruguay
La disgregación vale para entender la importancia de que Un Solo Uruguay haya tomado y mantenga la resolución de independencia política.
Eso es uno de sus principales valores y allí anida una de sus fortalezas.
Y a los ciudadanos, cualquiera sea nuestra actividad, nos da la certeza de que sin importar el color del gobierno, sus postulados de reactivación productiva, se mantendrán.
Quienes encabezan Un Solo Uruguay lo saben y lo aplican. Sin embargo no es necesariamente así con los miles que lo siguen, que en su legítimo derecho se afilian a partidos o agrupaciones y actúan en función de esos principios partidarios, y sin dejar de estar de acuerdo con los postulados del movimiento actúan en conformidad con sus líderes políticos.
De esa forma se generan matices o contradicciones más o menos importantes con las que Un Solo Uruguay deberá lidiar.
No es lo mismo defender al país productivo en un gobierno que durante 15 años demostró no importarle y eso generó y multiplicó el fuerte descontento social, que hacerlo con un gobierno que no lleva un año, que enfrenta una pandemia mundial como nunca hubo otra en la historia de la humanidad, y que reiteradamente hace esfuerzos para atender los reclamos de los que producen y generan trabajo.
Ahí está uno de los desafíos y dilemas.

El gobierno debería aprender de los errores ajenos
Así como Un Solo Uruguay evita los errores que otros cometieron en 2002, el gobierno también tiene errores ajenos de los que aprender.
Son muy claras las recientes declaraciones de Guillermo Franchi, vocero y referente de Un Solo Uruguay, al semanario La Mañana, unos días antes de la jornada del sábado 23: “Del gobierno depende cómo será el vínculo con Un Solo Uruguay”. Agregó que el movimiento que sigue siendo de autoconvocados tiene muchas coincidencias con el discurso del gobierno, pero cuestionó que ese discurso no siempre se lleva a los hechos.
“En lo económico compartimos plenamente lo que expresa el presidente (Luis) Lacalle y lo que ha dicho la ministra de Economía Azucena Arbeleche, pero yo tengo que ser muy sincero y no vemos los cambios en los hechos”, expresó.
Más adelante agregó: “Básicamente el lineamiento (del Poder Ejecutivo) no cambia, el lineamiento es aumentar el gasto con la expectativa de un incremento de la actividad económica, del PBI, eso es lo que hacía (el ex ministro de Economía, Danilo) Astori con el famoso ‘espacio fiscal’.
Acá lo que tendría que haberse hecho es un gasto cero, no incrementar en nada el gasto y lo ajustamos en cada rendición de cuentas acorde a si la economía crece o no”. Pero se optó por el camino que Uruguay recorre “desde siempre”.
Las objeciones de Franchi también incluyen “el atraso cambiario, el incremento de las tarifas, y la falta de competitividad por la que nunca llegamos a ganarle a nadie”.
Asimismo reconoció como buena señal que el gasoil, un elemento clave en la economía del país, no subió.
Se podrá estar de acuerdo o no con sus afirmaciones, el punto es que Un Solo Uruguay confirma mantener su línea de 2018 y lo que criticaba entonces lo critica ahora. Eso es coherencia y cabe esperar que así seguirá siendo si es que quiere continuar siendo el foco que aporta ideas y propone permanentemente aquello que considera correcto. El gobierno que conoce la capacidad y el potencial de convocatoria y movilización de Un Solo Uruguay debería tomar nota de eso.
En otro pasaje de la citada entrevista Franchi hace una observación grave: “Con este gobierno no hemos tenido ninguna reunión a excepción de una con la ministra de Economía en setiembre que la pedimos nosotros, allí estuvimos de acuerdo en lo teórico en muchas cosa y les dejamos muchas propuestas pero tuvimos cero devolución”, comentó.
Los errores ya los cometió el Dr. Vázquez, es de sabios aprender de los propios, pero más sabiduría es aprender de los errores ajenos.